Wednesday, December 31, 2008

VESPIDAE

Hoy me he encontrado una avispa en la ventana. Se había quedado atrapada toda la noche entre la persiana y el cristal. Debo reconocer que me ha producido cierta sorpresa el encontrarme en pleno invierno a ese minúsculo ser observándome desde el otro lado del vidrio. Y la sorpresa no ha sido precisamente agradable: Odio a las avispas.

He intentado disuadirla golpeando el cristal, abriendo y cerrando de golpe la ventana… pero no ha habido manera. Lo único que he conseguido es que batiera un poco las alas, torciera la cabeza y me mirara fijamente con su jersey a rayas amarillas. Eso supone que hoy no he ventilado mi habitación.

El ver a esta avispa en mi ventana me ha recordado la discusión que tuve hace poco con una amiga acerca de abejas y avispas y sus rasgos característicos. Una avispa se me había acercado peligrosamente mientras acompañaba a mi amiga a fumarse un cigarro en el balcón. Evidentemente, pegué un grito y corrí a esconderme tras la puerta de la biblioteca. Ya os he dicho antes que odio a las avispas.

Mi amiga juraba y perjuraba que era una abeja, pero las abejas son más amigables. Sólo te pican si se sienten verdaderamente amenazadas, principalmente porque si te pican, mueren. Y en principio nadie quiere morir porque sí. Yo estaba completamente segura de que era una avispa. Su amarillo chillón la delataba. Generamos una discusión acerca de cómo era uno y otro bicho. No ganó ninguna: yo seguía convencida de que era una avispa, y ella de que era una abeja.

Mientras escribía esto me he levantado a ver a mi visitante. Sigue en la ventana, pero ha cambiado de posición. Creo que no tiene muchas intenciones de moverse y eso me pone un poco nerviosa, ¡quiero abrir la ventana!

Cuando estudiaba segundo de carrera vivía en Vicálvaro en un cutrepiso de estudiantes. Era verano, hacía calor y normalmente estudiaba con las ventanas abiertas. Un día se presentó una avispa y se colocó en una pinza que había en el tendal justo delante de mi ventana. Lo cierto es que volvió en los días sucesivos. Nunca supe la razón de que viniera a colocarse en esa pinza y se quedara ahí un buen rato.

He sufrido una regresión que no me ha gustado nada. Era verano y al final tenía que estudiar con las ventanas cerradas.

Posted by Magú at 12:02:26 | Permalink | Comments (9)